
A veces se hace difícil hablar, no por el hecho que no tengas nada que decir, si no porque tus palabras se hacen tan inconexas, que sólo tu las puedes interpretar de una manera coherente. El otro día, mantuve una charla al respecto de cómo esperamos que sean los demás y de cómo son.
Ciertamente, es un tema que forma parte de la percepción que todo ser humano tiene de la sociedad que le envuelve, de hecho, las personas son el punto de partida de todas nuestras manías, de todos nuestros miedos y por supuesto, de cómo nos comportamos. Pero claro, ¿cómo podemos ser felices en un mundo donde todo es visto a través de los ojos de los demás?, ¿cómo somos capaces de reaccionar ante estímulos que son fruto de vidas ajenas a la nuestra?
Una persona, me comentó no hace mucho, que no debemos culpar a los demás de situaciones donde nosotros sabemos que somos capaces de resolver. Ciertamente, si podemos elegir, elegiremos aquello que menos daño nos produzca o directamente, que menos trauma nos cause, si es que la felicidad es el resultado de tal cambio. Es algo difícil y de largo aprendizaje, el tener en cuenta que determinadas acciones que realicen los demás, no nos van a afectar y si es así, que en esa interacción, hemos de buscar el máximo común de los beneficios, para así asegurarnos que ese posible trauma sea el menor.
Pero es difícil, nuestra inteligencia emocional, quizás por no entrenada, aún espera echar la culpa a los otros en vez a nosotros mismos.
¿Cuántas veces no somos carnaza de nuestra propia desesperación? Cientos, miles, sólo porque es la reacción más natural, el dar la culpa a los demás de nuestro propio mal y en consecuencia de nuestra vida.
No es fácil integrar una idea de "voy a vivir por lo que me hace sentir feliz" si es que esa felicidad parece depender de terceros, pero, ¿porqué no nos damos cuenta de que las acciones de los demás son eso, acciones de los demás y no reacciones sobre nosotros mismos?
Ser humano representa sentir, saber de mal y bien, arañar la hipocresía propia y de nuestros congéneres, habilitar la posibilidad de querer y ser queridos, pero también la de dañar y ser dañados. Todo ello no es más que una necesidad de buscar aquello de lo cual no somos capaces de tener, todo y esperando que alguna vez se presente ante nosotros como aquel regalo navideño que colgaba de un árbol de plástico con esferas brillantes.
Y esperar de los demás se hace tan angustioso como esperar que uno mismo sea capaz de cambiar. Llevamos dentro una semilla que la propia vida va germinando, que a cada paso va regando de ilusiones, de fantasías, de promesas y desengaños, esa vida es la que nos toca vivir, la que suponemos nuestra y alarga su sombra para señalar un norte a seguir.
Si de algo hemos de reprochar, reprochemos nuestra idea de supervivientes en esta vida, quitemos la idea de "yo he vivido cosas malas y por eso..." dejemos a un lado el victimismo que nos engulle a cada segundo, a cada paso, a cada momento. Ser humano es ser persona, es ser único, intransferible, perfecto e imperfecto, orgulloso de poder vivir una vida donde las decisiones son de cada uno, donde la ilusión comienza como juguete y acaba en una forma de vivir, donde la felicidad se encoje y expande, solamente porque nosotros mismos sabemos que lo va a hacer.
Mi culpa es mía, mi sentir más aún, pero todo ello eso me hace sentir cada día que estoy más vivo que el día anterior.
Las copas sólo se llenan si el líquido se derrama sobre ellas y para eso el líquido tiene que existir.
Yo existo, he elegido que mi copa esté llena, como he elegido que quiero ser feliz.
No lo olvidéis amiguitos, vuestra copa se llena y se vacía sólo y exclusivamente porque vosotros lo habéis querido así.











