martes, 27 de marzo de 2007

... ¿quién juega con quién?..


Dentro de la contemplación de esos pensamientos filosóficos-morales, que cada uno de nosotros tenemos de tanto en cuando, me encontré el otro día diseccionando ciertos aspectos relacionados con la vida. La idea me sobrevino, después de meditar sobre como la vida juega con nosotros en innumerables ocasiones, no se bien si para enfrentarnos a una realidad tan tangible como absurda, la de "hemos venido aquí a vivir y no a vivirla".

Bien, no se yo si la vida es vivir o vivirla, quizás porque a veces, me niego a pensar que no puedo vivir (como algo personal por supuesto) y que es muy triste justificar la necesidad de creer que esto es como las escaleras mecánicas de un gran centro comercial, en línea recta y pasando por pisos.

También es una especie de engaño el entender que somos imitadores de una hipotética felicidad, que esta es el fruto de nuestros logros y glorias, no. La idea de no entender que determinadas sensaciones como el amor, el miedo, la pasión, la risa u otras, son respuestas a estímulos humanos, situaciones del todo físicas, pero que disponen de gran poder en el control de nuestras voluntades, hacen que sean meros planificadores del presente y que por supuesto, repercuten en el pasado y en nuestro futuro.

Por todo ello, es momento de entender que la vida es una percepción, que nuestra interacción hacia ella es mera representación de nuestros logros y miserias y por tanto, que hacemos en ella lo que nuestra voluntad proyecta. La suerte y la mala suerte no confluyen si no les ordenamos que aparezcan, por ello, el futuro se plantea en presente bajo una orden nuestra, un chasquido de dedos que determine que vamos o cómo vamos a hacer.

Somos ayudantes de una idea que desde que nacemos emerge con fuerza, vivir, sobrevivir y ser felices. Pero no obviemos que ser felices sólo depende de cómo percibamos tal felicidad y de cuan exigentes somos con ella.

miércoles, 14 de marzo de 2007

... reflexiones sobre lo humano y lo divino ...


Dentro de esas reflexiones sobre lo humano y lo divino, se me antojó ayer de reflexionar sobre cómo nos tomamos la vida. Sí, parece ya un tema más que digerido en todos sus ámbitos, pero siempre posee matices particulares, que hacen fijarse en cómo nos gusta complicarnos la existencia y en que grado nos arrastramos en busca de una “hipotética” felicidad.

Claro, es muy injusto hablar de las vidas de los otros sin sentenciar la propia, bueno, no dudéis que también una de las futuras entradas irá dedicada a mi patetismo. Pero para empezar, me gustaría hablar de la facilidad que tiene el ser humano para engañarse. Yo soy un gran forofo de aquello que algunos pensadores del bienestar humano llaman “autoengaño”. Cierto, lo soy sólo por lo que el término comprime al máximo una idea genial y es la de vivir en algo o por algo que sólo es cierto a los ojos de uno mismo y no bajo los de los demás y por continuidad los propios de la sociedad.

Todos conocemos vidas donde el autoengaño es el velo que las envuelve, todos hemos incluso sufrido en nuestras propias carnes, el efecto de este autoengaño, y lo peor de todo, no hemos podido hacer absolutamente nada.

Y es que el autoengaño nace de la propia razón como dogma tan profundo, que ni corazón, como decapante racional, puede ejercer efecto sobre él. Eso me preocupa, porque claro, tu posees tu autoengaño, vas haciendo tu vida, vas consiguiendo tus objetivos en base a ese autoengaño (ni que decir tiene que todo lo que existe a tu alrededor no tiene sentido alguno) y bueno, vas haciendo hasta el momento en el que miras y dices: “…madre de Dios, ciertamente he estado engañad@ durante todo este tiempo,…, he perdido el tiempo…”. Bueno, esta es una frase entre muchas tantas del perdedor del autoengaño.

Lo malo del autoengaño es que tiene cierto componente de autodestrucción, es como si “un infierno apareciera a nuestros pies”, sólo por el hecho de que estamos tan concentrados en efectuar nuestros objetivos, que cuando no se consiguen o no de la manera que deseamos, el dolor se hace evidente, porque esa lucha no ha servido de nada.

Por otra parte, aunque los resultados del autoengaño son desastrosos, yo soy partícipe de que en ciertas ocasiones, son efectivos. Uno de estos casos son las CURAS DE HUMILDAD, cierto, es algo que no logro entender: ¿cómo puede alguien llegar a constituirse en su vida en alguien que no es o que no puede ser? Porque seamos sinceros, quien es válido lo es, pero quien no puede serlo, bajo ningún medio o circunstancia, ¿por qué maniáticamente insiste en querer serlo?

Señores: que la humildad, es otro camino para conseguir cosas. Señores: que vivimos en un mundo donde a la gente se la cataloga, donde al menos, hay que esconder esa faceta ególatra y demostrarla en casa y nunca en trabajos, sociedades y/o amigos. Señores: que quien se comporta de esa manera, es un auténtico cutre de la vida.

Por favor, háganlo por mí, miéntanme, sean falsos conmigo pero humildes. Ya su familias cargaran con sus falsos egos ingleses (que aunque por relación genética deben de ser los que les aguanten) y no den esas patéticas imágenes, las cuales, en muchos casos, son reídas a sus espaldas. Entiendan que lo que ustedes hacen no es lo mejor, ya que muchas personas ya lo hacen y posiblemente de una manera mucho más eficiente. Busquen en sus bolsillos y sepan que el poseer más o menos no representa ser mejor o peor persona, sólo una pequeña anotación en su éxito profesional. Añadan al cóctel de la vida, un gusto más, el ser personas, porque ser persona es entenderse a uno mismo, de la misma manera que entendemos a los demás. Y por supuesto, nunca supongan que sus vidas son tan interesantes que su deber es vomitarlas hacia su entorno, no, porque pueden llevarse la sorpresa de que hayan mucho más excitantes y divertidas.

Háganme feliz.

Gracias.