miércoles, 27 de diciembre de 2006

... La realidad de lo infinito ...

A quien le interese que contemple brevemente este video extraido del youtube:



Se trata de un video de uno de los mejores cosmo-físicos que ha dado este planeta: Carl Sagan.

En él, Carl Sagan abre una puerta a un debate sobre la existencia de lo que los humanos llamamos Dios, y de su naturaleza dentro de la ordenación de las ideas y preceptos de la naturaleza humana. Es corto, pero creo que suficientemente conciso como para abrir una puerta, muy propia en estas fechas, a la pregunta de qué hacemos aquí.

Bueno, no quiero cargar tintas sobre la religión ni sobre la moral de cada uno. Yo diría que de lo que quiero hablar es de la necesidad de atribuir una naturaleza extraña a las cosas que realmente suceden y que son necesarias explicarlas con conceptos intangibles.

He oido hablar en la condición humana del destino, de la mala suerte, de la buena suerte e incluso de la búsqueda de ella. Yo me pregunto: Como dice Carl Sagan: ¿no será quizás que todo ello ya existe aquí? ¿No será quizás que la mente humana es el mejor de los dioses que existen o existiran?

Pecando un poco de hereje, contestaré yo: considero que nuestros cuerpos-máquina arrastran el producto de una evolución tan brutal, que puede establecer esquemas de su existencia, hasta el plano de confeccionar un mapa de lo que ocurre en su interior, según su conveniencia. Algunos físicos dicen que el % de lo que existe a nuestro alrededor, a escala molecular, se encuentra en un 98% de posibilidades, esto es que nuestra realidad puede ser, puede tocarse, olerse o saborearse en un 98% de sensibilidad, pero existe un 2% que no se puede medir, es decir, un 2% de posibilidades de que nuestro entorno no sea como nuestros sentidos indican y por tanto, que no vivamos la realidad que nosotros creemos.

Y es más, ¿cómo es posible que nuestro cerebro hacierte siempre con la realidad del entorno? Amiguitos, simplemente porque esa pedazo de máquina de calcular que tenemos en la cabeza, desea un entorno como el que le es más útil, aquel con el que se siente más a gusto.

Por tanto, todo es aparente, por tanto, el plano que vivimos es el plano que deseamos, por tanto, nuestro Dios se deposita entre capas y capas de celulas consumidoras de O2 y nutrientes, es por ello que somos tan diferentes, somos nuestros propios dioses enbutidos en carne y descargas eléctricas, somos nuestras guerras y nuestras victorias, somos, lo que pensamos y vivimos una vida que el señor de la cabeza nos pide.

Somos enfermedad si nos la atribuímos, somos amor si lo deseamos, somos dolor si lo sentimos, somos superheroes si lo queremos, somos, somos lo que la realidad nerviosa nos dicte y nos marque.

Qué duro verdad? Pensadlo, tubaros en la cama y concentraros en vuestra realidad, poco a poco os daréis cuenta de que esa es la que marca alguien muy próximo a vosotros.

La continuidad de todo navega en creer que existe tal continuidad.

3 comentarios:

Niña dijo...

A mi estas cosas por muy científicas que sean me cuestan de creer.

Si yo pudiera vivir la realidad que mi mente quisiera, supongo que estaría viviendo en una mansión de lujo, con todas las comodidades del mundo y todo el tiempo libre para estudiar lo que me diera en gana. Eso sí bien rodeadita de clones de JoN Bon Jovi.

Aixx!! Tendré que educar mi mente.

Besos

Anónimo dijo...

Mi buen amigo, siendo consciente de que todo lo que percibimos a nuestro alrededor, sentimos, incluso cada uno de nuestros movimientos no son mas que impulsos eléctricos, la cuestión es: que es real y que no? Cierto es que los limites los marcamos nosotros mismos, en función de una serie de conceptos que aprendemos desde niños, y que esos limites no hacen entender (a unos mas que a otros) donde termina lo real, y empieza lo irereal. La consciencia de uno mismo y la madurez, nos hacen afrontar con más o menos dignidad, las penurias de nuestra existencia. Todos somos dioses en nuestras mentes, pero el poder que ejercemos sobre los demás, dependerá de factores sociales admitidos, producto de unas escalas de valores propias. Es inútil evitar las influencias externas, porque seria como evitar vivir la vida.

Anónimo dijo...

Todo el mundo sabe que el poder de la mente es infinito y que no hacemos trabajar nuestro cerebro al 100 %,o al menso así lo dicen los científicos y médicos, ya que sino igual no viviríamos en este mundo y quien sabe igual estaríamos en otra escala dimensión.
Pero yo soy de esas a las que le cuesta creer que puedes ser, sentir, estar, parecer... lo que tu mente diga.Igual en algún estado de ánimo bajo con tu mente y un poquito de concentración lo puedes llegar a controlar, pero hasta el punto de que podamos ser lo que nuestra mente quiera, no sé, yo realmente lo veo difícil.Y si alguien lo ha lograda, por favor que diga como :-).

Así que mira intentemos vivir lo más dignamente que podamos, dentro de nuestras posibilidades, ya que si todo esto fuera verdad, vosotros creéis que estaríais viviendo la vida que os ha tocado vivir? o cambiaríais gran parte de o algún aspecto de ella?????

Pensarlo bien!!!

Besos.